Transformación de alimentos impulsa ingresos y reduce pérdidas en el campo

La transformación de alimentos procesados se consolida como una alternativa estratégica para agricultores y productores rurales del país, porque agrega valor a las cosechas, reduce las pérdidas postcosecha y mejora los ingresos familiares en las comunidades rurales.

Cada vez más productores dejan de vender únicamente sus cosechas en estado fresco y optan por procesarlas mediante técnicas como secado, molienda, fermentación, cocción o envasado, lo que prolonga la vida útil de los alimentos, facilita su comercialización y diversifica su aprovechamiento.

En distintas comunidades, productos como maíz, frijol, café, cacao, frutas y hortalizas son transformados en harinas, atoles, frutas deshidratadas, mermeladas, conservas, quesos, lácteos artesanales, salsas y encurtidos, lo que reduce la dependencia de los precios estacionales del mercado.

Especialistas señalan que uno de los principales beneficios de esta práctica es la disminución del desperdicio de alimentos, especialmente en épocas de sobreproducción o cuando el acceso a los mercados es limitado. Al procesar la cosecha, el productor evita pérdidas y obtiene productos con mayor durabilidad y mejor valor comercial.

Asimismo, recomiendan aplicar buenas prácticas de higiene, manipulación y almacenamiento, con el fin de garantizar la inocuidad de los alimentos y proteger la salud de los consumidores. También se sugiere moderar el uso de sal, azúcar y conservantes artificiales.

La transformación de alimentos se perfila como una oportunidad real de emprendimiento rural, especialmente para cooperativas, asociaciones de agricultores y familias campesinas, al fortalecer la economía local y promover el consumo de productos nacionales (JG/ea).

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27 enero, 2026