La producción de alimentos para autoconsumo se ha convertido en una alternativa cada vez más utilizada por familias guatemaltecas, especialmente en comunidades rurales y periurbanas, como una forma de fortalecer la seguridad alimentaria y reducir la dependencia del mercado.
Huertos familiares, gallinas de traspatio y el uso de abonos orgánicos permiten a miles de familias rurales reducir gastos, mejorar su alimentación y enfrentar crisis económicas o climáticas.

Este modelo consiste en cultivar alimentos y criar animales menores destinados principalmente al consumo familiar. Con ello, los hogares logran disminuir gastos en la compra de alimentos y mejorar su dieta con productos frescos producidos en casa.
Especialistas en desarrollo rural señalan que el autoconsumo no solo contribuye a la economía familiar, sino también a una mejor nutrición, al incorporar hortalizas, granos básicos y proteínas en la alimentación diaria.

Entre las prácticas más comunes se encuentran los huertos familiares diversificados, la crianza de gallinas de traspatio para la producción de huevos y carne, así como el uso de abonos orgánicos y compostaje.
También se promueven técnicas de captación y ahorro de agua, además de la rotación de cultivos y la conservación del suelo, medidas que permiten producir alimentos sin deteriorar los recursos naturales.
Estas prácticas buscan garantizar una producción constante de alimentos y fortalecer la capacidad de las familias para enfrentar situaciones como el aumento de precios, las crisis económicas o los efectos del cambio climático (JG/ea).

