En Guatemala, los agricultores están adoptando cultivos que, aunque no son originarios del trópico, se han adaptado con éxito a los climas cálidos y húmedos del país gracias a la variedad y al manejo agronómico adecuado. Estas especies, las hortalizas tropicalizadas, permiten producir alimentos durante todo el año, aumentando la productividad y rentabilidad de las fincas.

Gracias a su resistencia al calor, la humedad y a las plagas comunes del trópico, así como su capacidad de adaptación a diferentes tipos de suelo, estos cultivos se integran fácilmente en sistemas orgánicos o convencionales, además de ser compatibles con huertos familiares y sistemas agroecológicos.

Algunas de estas hortalizas son: chile pimiento, tomate, zanahoria y la remolacha.

La incorporación de bioinsumos como compost, bocashi y microorganismos contribuye a mejorar la calidad de los productos, fortalecer la seguridad alimentaria y generar ingresos sostenibles para las familias rurales, promoviendo una agricultura más eficiente, diversificada y amigable con el medio ambiente.

