En Guatemala, el manejo del rastrojo se ha consolidado como una práctica esencial para la sostenibilidad de los sistemas productivos, especialmente en cultivos de granos básicos como maíz y frijol.
Los restos de cosecha, como tallos y hojas, desarrollan un rol clave al proteger el suelo de la erosión, conservar la humedad y aportar materia orgánica que enriquece la tierra.

Cada vez más, productores y especialistas reconocen que un manejo adecuado del rastrojo no solo mejora la fertilidad del suelo, sino que también fortalece la resiliencia de la agricultura frente a los desafíos climáticos y productivos.
Esta práctica se convierte así en una estrategia simple pero efectiva para promover una agricultura más sostenible y segura para el país (JB/ea).

