Práctica que consiste en dejar los restos de la cosecha anterior sobre el suelo, para protegerlo del sol y la lluvia. Esta cobertura orgánica se convierte con el tiempo en abono natural para la tierra.
Mantener el suelo cubierto reduce el crecimiento de malezas y conserva la humedad por más tiempo. Se recomienda aplicar esta técnica de forma constante para mejorar la resiliencia de los cultivos ante la sequía.

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